jueves, 22 de noviembre de 2012

Bullying y Personas con síndrome de down

Hoy en día se ha popularizado el término Bullying, para referirse al acoso y abuso ejercido y sufrido dentro del ambiente escolar. Advertido durante años, en los cuales se le restaba importancia considerándolo sólo como "juego de muchach@s", en la actualidad (sin poder ocultarse más su gravedad) ha tomado gran relevancia, dejando perplejos a padres y autoridades escolares sobre qué se debe hacer al respecto. 

Y mientras los adultos deciden qué hacer, los abusados siguen sufriendo, y los abusadores siguen sin recibir orientación adecuada. No obstante por tratarse de niños, niñas y adolescentes, no podemos hablar de víctimas ni víctimarios, en el bullying tod@s son víctimas.

Tenemos una sociedad donde la violencia, la discriminación, la tortura y el maltrato ha traspasado las fronteras de la adultes para instalarse también en la población infantil. Niños y niñas que no quieren ir a su colegio, que sufren día a día burlas e insultos, que son agredidos; y por otro lado, niños y niñas sin control de su ira, sin tolerancia hacia la diferencia, sin respeto por el otro.



No obstante, como nos referimos al principio, este fenómeno no es nuevo. Lleva años gestándose en los salones de clase y siendo interpretado como "echadera de bromas", "chalequeo entre amigos", "tonterías de niños", y es su paso a la agresión física lo que ha obligado a padres y profesores a mirar cara a cara a un fenómeno social que se salió de las manos, y que es alimentado por esos mismos canales infantiles, que hoy pretenden corregir lo que sembraron con campañas esporádicas contra el "bullying", que suponemos es el gerundio de "bully", abusar, en inglés, y cuyo uso nos parece un aforismo para no referirse directamente al "acoso escolar".

Dentro de eso panorama, ¿cómo nos planteamos una integración de las y los niños down dentro del sistema educativo, sin que éste vaya acompañado de campañas constantes y serias contra la discriminación y a favor de la tolerancia, dirigidas a la población estudiantil regular?  

Integrar a nuestros niños y niñas down en las escuelas regulares más allá de ser un sueño hermoso, tiene sus realidades urgentes por resolver. En la tarea de la integración no sólo hay que pensar en lo utópico y poético que puede resultar una sociedad de iguales, que es lo que buscamos, hay que tomar en cuenta que en el proceso no podemos poner en riesgo a las personas. 

La integración tiene dos lados: aquellos que se integran, y aquellos que reciben a quienes se integran. Esto quiere decir que por un lado es necesario darle herramientas a las personas down, a fin de prepararlas a la integración escolar, que les permita tener una vida académica y laboral, y que por su puesto los beneficiará altamente. Pero también debe prepararse a la sociedad para que sean receptores positivos de dicha integración.

Hace poco veíamos en internet un video italiano, que no compartiremos para no hacernos eco del abuso, sobre cómo un niño down era golpeado por sus compañeros de clase, sin ninguna contemplación. Ese es uno de los riesgos que se corren, si no se lleva el proceso de integración con una educación constante dirigida hacia todos y todas.

La integración no se decreta, se construye. Todos y todas somos humanos (es decir que le tememos a lo desconocido y tendemos a rechazar lo diferente) y venimos de una época llena de prejuicios y desconocimiento sobre las personas con down, autismo o cualquier otra condición especial. Decretar una integración sin preparar a las personas involucradas es poner en riesgo a las personas especiales y seguir dejando en la ignorancia a las regulares.

La Ley de Personas con Discapacidad de la República Bolivariana de Venezuela, en su artículo 21 dicta la obligación del Estado, que "a través del sistema de educación regular, debe incluir programas permanentes relativos a las personas con discapacidad, en todos los niveles y modalidades, los cuales deben impartirse en instituciones públicas y privadas, con objetivos educativos que desarrollen los principios constitucionales correspondientes". 

La Ley también dicta en su artículo 25 que "Los medios de difusión de prensa, radio y televisión, privados, oficiales y comunitarios, en todo el territorio nacional, transmitirán y publicarán mensajes dirigidos a la prevención de enfermedades y accidentes discapacitantes, y la difusión de mensajes sobre discapacidad, a requerimiento del Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad, según lo establecido en la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión". 

Sin embargo, creemos que estos artículos no se están cumpliendo a cabalidad. Por un lado, no existe una política educativa consecuente y constante, a través de la cual haya una educación de las y los niños regulares sobre las capacidades y personas especiales. Y por otro, no se ven campañas ni escritas, ni audiovisuales, ni radiales sobre el tema. Salvo sus excepciones, como Radio Nacional de Venezuela, que en su canal juvenil Activa, transmite todos los miércoles en la tarde su programa "Superando Barreras" dirigido y conducido por personas con capacidades especiales, y "El Correo del Orinoco", que de ahora en adelante, también los miércoles, publicará la columna "Orgullo Down Venezuela". 




Pero son acciones aisladas, y no una política del Estado llevado por los Ministerios del Poder Popular para la Salud, Deporte, Cultura, Educación, asuntos para la Mujer y Comunas; que creemos son los que deberían encargarse junto con el Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad, que debería comenzar por cambiarse el nombre a Consejo Nacional para las Personas con Capacidades Diferentes o Especiales. 

Mientras no se asuma la tarea seria de educar y educarnos en tolerancia, respeto y aceptación, difícilmente el proceso de integración escolar será más positivo que negativo, y más difícil aún será que las personas con capacidades especiales diferentes y sus padres y madres se animen a unirse al proceso, así como los regulares a recibirlas.

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