domingo, 4 de agosto de 2013

Palabra "mongólico", ¿insulto o discriminación?

Hoy queremos hablar de una palabra o término muy polémico en nuestro idioma, donde parece estar tan arraigada, que en ocasiones encontramos hablantes que defienden su derecho a usarla. Dicho vocablo no es otro que la palabra “mongólico”, en todas sus formas: “mongólico”, “mogólico”, “mongolismo”, “mongo”, etc.

Como todos sabemos -o podemos encontrar al consultar su historia- esta palabra fue empleada por primera vez en el año 1886, por parte del médico británico Jhon Langdon Haydon Down, para definir la Trisomia 21 o Síndrome de Down, dado el parecido de rasgos físicos entre las personas con esta condición genética y los oriundos de Mongolia.

Posteriormente, en el año 1961, un grupo de científicos ante el uso ya peyorativo de la palabra “mongólico” propusieron la eliminación del uso de esta palabra y la implementación de “síndrome de down” y “trisomía 21”, para referirse a la condición genética consistente en un cromosoma de más en el par 21.

Cuatro años después, en 1965, el gobierno de Mongolia presentó ante la Organización de las Naciones Unidas una petición para eliminar el uso de este vocablo, para referirse a las Personas con síndrome de down, no precisamente por fijar posición política en defensa de las Personas con esta condición, sino por resultar ofensivo a sus ciudadanos y ciudadanas, quienes no querían seguir siendo comparados con estos individuos, en clara defensa de su gentilicio, y en nula preocupación hacia la integridad de las Personas con trisomia 21.

No obstante, a pesar de los dos antecedentes sobre la supresión de este término, al consultar el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, encontramos que la tercera acepción de dicha palabra la define como persona “que padece de mongolismo”, aunque como ya vimos “mongolismo” no es un término correcto para referirse al síndrome de down, ni éste se padece, ya que, no es una enfermedad.

Al darle click en el mismo diccionario a la palabra “mongolismo” encontramos una única acepción: síndrome de down.

Claramente sabemos que la Lexicografía no se dedica a cuestionar las definiciones de las palabras, sino a registrar su uso, dado por las y los hablantes, quienes son los que dan vida a las palabras que habitan el Lenguaje, a través de su uso o desuso. Así que este hecho no es responsabilidad de la Academia, sino de los hablantes de la Lengua.

Si consultamos en internet al respecto, encontraremos varios foros, debates, denuncias y noticias sobre las polémicas actuales y más antiguas en torno al uso de este término. En ellos podemos ver el constante enfrentamiento entre la denuncia de unos sobre lo discriminatorio del uso de la palabra "mongólico", frente al alegato de otros sobre su derecho a usar dicha palabra y la justificación textual de que cuando lo hacen “no se refieren a las personas con síndrome de down”.

Un ejemplo de estos escándalos públicos son los acontecidos en Argentina, donde tenemos una denuncia por parte de un organismo particular hacia Esteban "Bichi" Fuertes, jugador de Colón de Santa Fe, quien el 31 de marzo de 2011 llamó “mogólicos” a varios jugadores de Racing.

También está el del actor/cantante/opinador/modelo/celebridad Ricardo Fort, quien despertó la preocupación del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión cuando durante el programa TV Intrusos, del 20 de mayo del 2010, se preguntase textualmente sobre si el boxeador Fabio “La Mole” era “mogólico o un nené down”.

Sucesos más recientes en ese país nos llevan a la mismísima presidenta de la nación Cristina Kirchner, quien durante el pasado julio del 2011, en el acto de presentación del billete con el rostro de Evita, declaraba sobre ciertas acciones de la oposición argentina: “como si el Estado fuera ‘mongo’. Cuando el Estado no es ‘mongo’.

Comentario que al parecer no levantó tanto revuelo, quizás porque ya a mediados de ese año, ante la afirmación del filósofo José Pablo Feinmann, hecha en su columna en Página/12, sobre el “peronismo mogólico”, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo había decretado, según el dictamen 433-12, que el calificar a alguien como “mogólico” no es un acto discriminatorio, basado nada más y nada menos que en el antecedente histórico de su uso original.

Viniéndonos a tierra nacional, tenemos el incidente ocurrido en pleno cierre de campaña electoral venezolana, del pasado mes de abril, cuando el candidato presidencial de oposición acusara sin sustento comprobable al candidato presidencial oficialista de haber dicho que “abriría escuelas para nuestros niños mongólicos”. Cosa que desató un verdadero debate nacional, de expresiones a veces penosas.

Muchos son los ejemplos que podemos encontrar en torno a esto, sin embargo, y más allá de ser históricamente correcta o no la palabra “mongólico” para referirse a las personas con síndrome de down, lo que en realidad está en discusión es el sesgo discriminatorio, peyorativo y malintencionado del hablante cuando usa este vocablo, bien sea que se refiera a una Persona con esta condición o a una Persona regular.

Resulta, señor, señora, que cuando usted esgrime el vocablo “mongólico” para referirse a una Persona regular que no piensa según lo que usted considera un nivel adecuado, o que llanamente no piensa como usted, o hace algo que usted no entiende o que le parece inadecuado, usted le está diciendo que dicha acción lo convierte o lo acerca a una Persona con discapacidad intelectual, pues ciertamente la palabra “mongólico” también ha experimentado un desplazamiento de significante, y ya no sólo hace referencia específica al síndrome de down (aunque sea la condición más evidente por los rasgos físicos implicados) sino que engloba cualquier condición que implique una condición intelectual especial.

En resumen, cuando usted acusa a alguien de “mongólico” porque no piensa o actúa como su criterio dice que debe hacerlo, usted ciertamente no está insultando, está discriminando, ya que evoca una condición especial para arrojársela en la cara a su interlocutor, dándole un matiz peyorativo a dicha condición, afectando a todo aquel o aquella que la tenga.

Cuando usted acusa a un interlocutor de “mongólico”, usted (le parezca o no) le está diciendo: “con tu comportamiento o forma de pensar parece que fueses síndrome de down”. Cosa que realmente desde este lado no comprendemos cómo puede ser un insulto o algo nefasto, pues cada quien es como es, y ser diferente es lo común. Además de que estar muy alejado de la realidad su concepto sobre la mal llamada discapacidad intelectual.

Así que más allá de lo que diga un tribunal argentino o los defensores etimológicos del vocablo, si usted usa esta palabra para referirse y cuestionar la capacidad mental de su interlocutor, usted deja en evidencia la poca valoración (y a la vez desconocimiento) que tiene sobre las personas con algún tipo de discapacidad mental, al tiempo de que marca su posición claramente discriminatoria ante ellos y ellas. Y aunque usted afirme que no usa la palabra “mongólico” para referirse a una Persona con síndrome de down, déjeme decirle que precisamente esos orígenes históricos del vocablo hacen que así sea.

Sin embargo, ante su insistente defensa y argumentación, permítame cerrar este apartado entonces con una pregunta, que sólo es necesario que se la responda a usted mismo: ¿Cuándo usted le dice a alguien “mongólico” a qué se refiere? ¿Qué es un mongólico? ¿Con quién está comparando a su interlocutor?

1 comentario:

  1. El término "mongólico" viene de Mongolia, como bien aclara esta publicación; es un término que alude a la estética humana que es comúnmente llamada "asiática" la cual aparentemente procede de Mongolia; incorrectamente se le aplicó el término a quienes tienen el síndrome mencionado, y por supuesto, casi exclusivamente se usa despectivamente.

    Yo he usado el término "mongólico" con su acepción original para referirme a la estética comúnmente llamada asiática, ya que habiendo miles de millones de personas en Asia de diversas "razas", el "asiático" como definición racial no es correcto, y creo que el sentido original debería ser explicado y utilizado en vez de ser excluido, ya que en su sentido original no es despectivo y no alude a quienes tienen el síndrome al que se suele aludir injustamente a la hora de ofender; con tal sentido el término es por supuesto, reprobable.

    Lo mejor es educar sobre el verdadero significado de las palabras en vez de corregir un empleo de las mismas que en realidad es correcto (En "España" se quiso cambiar el nombre de un lugar que es "Matajudíos" en vez de explicarse que "mata" significa MONTE y nada tiene que ver con el verbo matar en este caso).

    En Argentina se discrimina porque la discriminación es una tendencia humana, y como tal, se da en las personas de todas las nacionalidades.... Parece que no lo sabe quien publicó este artículo ya que sólo presenta expresiones de argentinos usando el término en cuestión despectivamente.

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